
La economía chilena registró en julio su peor traspié en más de tres años, luego de que el Imacec cayera 1,5% en comparación con el mismo mes de 2025.
El resultado informado por el Banco Central también mostró una baja desestacionalizada de 1,7% frente a junio, marcando un brusco contraste con el crecimiento de 2,4% anotado el mes anterior.
La caída estuvo explicada principalmente por la minería y, en menor medida, por los servicios y la industria.
Uno de los factores más relevantes fue el desempeño de la producción de cobre, afectada por menores leyes del mineral, labores de mantención y condiciones climáticas adversas.
A esto se suman problemas estructurales que distintos análisis han identificado en la minería chilena, como faenas envejecidas, costos de producción elevados y falta de inversiones suficientes.
Las condiciones climáticas también golpearon la actividad económica, al afectar el normal funcionamiento de establecimientos productivos y generar dificultades en infraestructura clave.
El impacto se extendió a los servicios, especialmente en áreas personales, empresariales, transporte, restaurantes y hoteles. En educación, la suspensión de clases por eventos meteorológicos también incidió en el resultado.
El comercio fue uno de los pocos sectores con desempeño positivo, con un alza anual de 0,7%, impulsada por ventas minoristas. Sin embargo, ese avance no alcanzó para compensar la caída de bienes y servicios.
El resultado informado por el Banco Central también mostró una baja desestacionalizada de 1,7% frente a junio, marcando un brusco contraste con el crecimiento de 2,4% anotado el mes anterior.
La caída estuvo explicada principalmente por la minería y, en menor medida, por los servicios y la industria.
Uno de los factores más relevantes fue el desempeño de la producción de cobre, afectada por menores leyes del mineral, labores de mantención y condiciones climáticas adversas.
A esto se suman problemas estructurales que distintos análisis han identificado en la minería chilena, como faenas envejecidas, costos de producción elevados y falta de inversiones suficientes.
Las condiciones climáticas también golpearon la actividad económica, al afectar el normal funcionamiento de establecimientos productivos y generar dificultades en infraestructura clave.
El impacto se extendió a los servicios, especialmente en áreas personales, empresariales, transporte, restaurantes y hoteles. En educación, la suspensión de clases por eventos meteorológicos también incidió en el resultado.
El comercio fue uno de los pocos sectores con desempeño positivo, con un alza anual de 0,7%, impulsada por ventas minoristas. Sin embargo, ese avance no alcanzó para compensar la caída de bienes y servicios.


