
La mamografía y la ecotomografía mamaria son dos exámenes clave para la detección y evaluación de alteraciones en las mamas, pero no cumplen la misma función.
Especialistas explican que ambos estudios entregan información distinta y deben entenderse como herramientas complementarias.
La mamografía es una radiografía de las mamas y se considera el principal examen para detectar cáncer antes de que aparezcan síntomas.
Este estudio utiliza rayos X de baja dosis y permite identificar alteraciones muy pequeñas, como microcalcificaciones o lesiones que todavía no son palpables.
En general, se recomienda realizar una mamografía anual desde los 40 años.
En mujeres con antecedentes familiares directos de cáncer de mama, el inicio del tamizaje puede adelantarse según evaluación médica, incluso desde los 35 años.
La ecotomografía mamaria, en cambio, utiliza ultrasonido y no emplea radiación.
Su principal utilidad es complementar la mamografía en mujeres con mamas densas o estudiar con mayor detalle un hallazgo detectado previamente.
También puede usarse como examen inicial en mujeres menores de 40 años, embarazadas o en período de lactancia que consultan por un bulto, dolor localizado o cambios recientes en la mama.
Este examen permite diferenciar quistes de lesiones sólidas y guiar procedimientos como biopsias cuando se necesita obtener una muestra de tejido.
Entre las señales de alerta que requieren evaluación médica están la aparición de un bulto nuevo, retracción del pezón, cambios en la piel, secreción espontánea, dolor persistente o modificaciones recientes en una mama.
Ante cualquiera de estos signos, el equipo médico debe definir qué examen corresponde y si es necesario complementar el estudio con otras imágenes.
Especialistas explican que ambos estudios entregan información distinta y deben entenderse como herramientas complementarias.
La mamografía es una radiografía de las mamas y se considera el principal examen para detectar cáncer antes de que aparezcan síntomas.
Este estudio utiliza rayos X de baja dosis y permite identificar alteraciones muy pequeñas, como microcalcificaciones o lesiones que todavía no son palpables.
En general, se recomienda realizar una mamografía anual desde los 40 años.
En mujeres con antecedentes familiares directos de cáncer de mama, el inicio del tamizaje puede adelantarse según evaluación médica, incluso desde los 35 años.
La ecotomografía mamaria, en cambio, utiliza ultrasonido y no emplea radiación.
Su principal utilidad es complementar la mamografía en mujeres con mamas densas o estudiar con mayor detalle un hallazgo detectado previamente.
También puede usarse como examen inicial en mujeres menores de 40 años, embarazadas o en período de lactancia que consultan por un bulto, dolor localizado o cambios recientes en la mama.
Este examen permite diferenciar quistes de lesiones sólidas y guiar procedimientos como biopsias cuando se necesita obtener una muestra de tejido.
Entre las señales de alerta que requieren evaluación médica están la aparición de un bulto nuevo, retracción del pezón, cambios en la piel, secreción espontánea, dolor persistente o modificaciones recientes en una mama.
Ante cualquiera de estos signos, el equipo médico debe definir qué examen corresponde y si es necesario complementar el estudio con otras imágenes.


