
El impacto del sistema frontal que afecta al norte del país abrió un debate entre autoridades y expertos en gestión de emergencias.
El biministro de Obras Públicas, Transportes y Telecomunicaciones, Louis De Grange, sostuvo que la situación es comparable con un terremoto debido a la magnitud de los daños.
La comparación surgió luego de que el Gobierno declarara estado de catástrofe en la Región de Coquimbo y en la Provincia del Huasco, en Atacama.
Ambas zonas han sido golpeadas por fuertes precipitaciones, activación de quebradas, desbordes de cauces y acumulación de nieve en sectores cordilleranos.
Según el último balance de Senapred citado por Emol, la emergencia deja 10 fallecidos, 16 lesionados, 2.281 damnificados y 104.271 personas aisladas en esas regiones.
Los especialistas consultados advierten que la comparación debe hacerse con cautela.
El experto en gestión de emergencias Michel De L’Herbe señaló que se trata de impactos distintos y que el análisis debe centrarse en el daño y en la gestión antes, durante y después de la emergencia.
También indicó que, para las personas afectadas, cada emergencia se vive de manera diferente, no solo por el daño físico, sino también por la incertidumbre, el temor y la confianza en la llegada de ayuda.
El académico Mario Pinto, especialista en seguridad industrial de la Usach, explicó que no corresponde comparar directamente las amenazas.
Según planteó, un terremoto es un fenómeno geofísico súbito, mientras que un sistema frontal es una amenaza hidrometeorológica que puede extenderse por varios días.
Sin embargo, Pinto señaló que sí es válido comparar sus consecuencias en población afectada, infraestructura dañada, interrupción de servicios esenciales, pérdidas económicas y capacidad de respuesta institucional.
Los expertos coinciden en que una diferencia clave está en la temporalidad del impacto.
Mientras un terremoto concentra sus efectos en segundos o minutos, un sistema frontal extremo mantiene la emergencia activa durante días o incluso semanas.
Esto obliga a sostener equipos movilizados, realizar evacuaciones sucesivas, enfrentar cortes de conectividad y reponer servicios bajo condiciones meteorológicas adversas.
El debate también dejó lecciones sobre prevención y coordinación.
Los especialistas plantean la necesidad de fortalecer la planificación territorial, modernizar los sistemas de monitoreo y alerta temprana, invertir en infraestructura resiliente y mejorar la coordinación institucional.
Además, advierten que el cambio climático aumentará la frecuencia e intensidad de eventos hidrometeorológicos extremos, por lo que la adaptación debe convertirse en una prioridad permanente.
El biministro de Obras Públicas, Transportes y Telecomunicaciones, Louis De Grange, sostuvo que la situación es comparable con un terremoto debido a la magnitud de los daños.
La comparación surgió luego de que el Gobierno declarara estado de catástrofe en la Región de Coquimbo y en la Provincia del Huasco, en Atacama.
Ambas zonas han sido golpeadas por fuertes precipitaciones, activación de quebradas, desbordes de cauces y acumulación de nieve en sectores cordilleranos.
Según el último balance de Senapred citado por Emol, la emergencia deja 10 fallecidos, 16 lesionados, 2.281 damnificados y 104.271 personas aisladas en esas regiones.
Los especialistas consultados advierten que la comparación debe hacerse con cautela.
El experto en gestión de emergencias Michel De L’Herbe señaló que se trata de impactos distintos y que el análisis debe centrarse en el daño y en la gestión antes, durante y después de la emergencia.
También indicó que, para las personas afectadas, cada emergencia se vive de manera diferente, no solo por el daño físico, sino también por la incertidumbre, el temor y la confianza en la llegada de ayuda.
El académico Mario Pinto, especialista en seguridad industrial de la Usach, explicó que no corresponde comparar directamente las amenazas.
Según planteó, un terremoto es un fenómeno geofísico súbito, mientras que un sistema frontal es una amenaza hidrometeorológica que puede extenderse por varios días.
Sin embargo, Pinto señaló que sí es válido comparar sus consecuencias en población afectada, infraestructura dañada, interrupción de servicios esenciales, pérdidas económicas y capacidad de respuesta institucional.
Los expertos coinciden en que una diferencia clave está en la temporalidad del impacto.
Mientras un terremoto concentra sus efectos en segundos o minutos, un sistema frontal extremo mantiene la emergencia activa durante días o incluso semanas.
Esto obliga a sostener equipos movilizados, realizar evacuaciones sucesivas, enfrentar cortes de conectividad y reponer servicios bajo condiciones meteorológicas adversas.
El debate también dejó lecciones sobre prevención y coordinación.
Los especialistas plantean la necesidad de fortalecer la planificación territorial, modernizar los sistemas de monitoreo y alerta temprana, invertir en infraestructura resiliente y mejorar la coordinación institucional.
Además, advierten que el cambio climático aumentará la frecuencia e intensidad de eventos hidrometeorológicos extremos, por lo que la adaptación debe convertirse en una prioridad permanente.


