
La esperada expansión del tren desde Limache hacia Quillota, La Cruz y La Calera vuelve a instalarse en el debate público como una de las obras más relevantes para la región de Valparaíso. Se trata de un proyecto largamente anhelado por las comunidades del interior, que buscan mejorar la conectividad con el Gran Valparaíso y reducir los tiempos de traslado.
La iniciativa contempla la construcción de cerca de 26 kilómetros de nuevas vías y al menos seis estaciones, lo que permitiría conectar estas comunas en un trayecto estimado de alrededor de 28 minutos.
Sin embargo, pese a los avances técnicos y administrativos, el proyecto aún enfrenta desafíos importantes. Uno de los principales puntos de incertidumbre es su tramitación ambiental, clave para definir el inicio de las obras y su eventual ejecución. Además, se ha planteado que su implementación podría realizarse por etapas, lo que retrasaría la llegada definitiva del tren hasta La Calera.
Desde una mirada crítica, el desarrollo de esta obra refleja una problemática recurrente en Chile: proyectos estratégicos que avanzan lentamente entre estudios, ajustes técnicos y procesos burocráticos, generando frustración en la ciudadanía.
A pesar de ello, la extensión ferroviaria sigue siendo vista como una inversión estructural que podría beneficiar a más de un millón de personas, mejorando la movilidad, reduciendo la congestión vehicular y aportando al desarrollo urbano de la zona.
En ese contexto, el desafío no solo está en concretar el proyecto, sino en asegurar su ejecución en plazos razonables, evitando que una iniciativa clave para la región continúe postergándose en el tiempo.


