
La tragedia ocurrida en Nepal abrió la pregunta sobre si un fenómeno similar podría repetirse en Chile.
El desastre en Asia fue provocado por una enorme inundación asociada a una avalancha de lodo, con más de 360 personas fallecidas.
De acuerdo con especialistas, el evento se originó por el colapso de un glaciar colgante ubicado a más de 5.000 metros de altura.
Ese desprendimiento arrastró roca, hielo y sedimento por un fuerte desnivel, formando un flujo capaz de superar los 100 a 200 kilómetros por hora.
Aunque al inicio se especuló con la ruptura de una represa o lago glaciar, expertos que investigan el caso han descartado por ahora esa hipótesis.
En Chile, un episodio de esa misma magnitud es considerado poco probable, porque los glaciares locales son más pequeños y no presentan desniveles tan extremos.
Sin embargo, el mecanismo de fondo sí existe: el colapso de hielo desde un glaciar de altura hacia un valle poblado más abajo.
Ese riesgo ya ha sido identificado en zonas como el Cajón del Maipo y la Patagonia.
Estudios recientes han evaluado amenazas en glaciares chilenos, donde ya se han registrado remociones de origen glaciar en 2009, 2018 y 2024.
Los expertos advierten que, aunque la magnitud esperada sería menor que en Nepal, la exposición de población e infraestructura mantiene la preocupación.
Entre las medidas preventivas se plantea reforzar el monitoreo remoto de glaciares y frentes de hielo inestables.
También se recomienda evitar infraestructura crítica en cauces de valles que nacen bajo estos glaciares.
Otra herramienta clave sería contar con sistemas de alerta temprana para comunidades ubicadas río abajo.
Académicos también apuntan al retroceso glaciar andino y a la formación de lagos inestables como factores que elevan la vulnerabilidad de Chile.
En 2020, el Lago Greve, en Aysén, registró un gran vaciamiento repentino hacia el fiordo Eyre, aunque su lejanía evitó pérdidas humanas.
El desastre en Asia fue provocado por una enorme inundación asociada a una avalancha de lodo, con más de 360 personas fallecidas.
De acuerdo con especialistas, el evento se originó por el colapso de un glaciar colgante ubicado a más de 5.000 metros de altura.
Ese desprendimiento arrastró roca, hielo y sedimento por un fuerte desnivel, formando un flujo capaz de superar los 100 a 200 kilómetros por hora.
Aunque al inicio se especuló con la ruptura de una represa o lago glaciar, expertos que investigan el caso han descartado por ahora esa hipótesis.
En Chile, un episodio de esa misma magnitud es considerado poco probable, porque los glaciares locales son más pequeños y no presentan desniveles tan extremos.
Sin embargo, el mecanismo de fondo sí existe: el colapso de hielo desde un glaciar de altura hacia un valle poblado más abajo.
Ese riesgo ya ha sido identificado en zonas como el Cajón del Maipo y la Patagonia.
Estudios recientes han evaluado amenazas en glaciares chilenos, donde ya se han registrado remociones de origen glaciar en 2009, 2018 y 2024.
Los expertos advierten que, aunque la magnitud esperada sería menor que en Nepal, la exposición de población e infraestructura mantiene la preocupación.
Entre las medidas preventivas se plantea reforzar el monitoreo remoto de glaciares y frentes de hielo inestables.
También se recomienda evitar infraestructura crítica en cauces de valles que nacen bajo estos glaciares.
Otra herramienta clave sería contar con sistemas de alerta temprana para comunidades ubicadas río abajo.
Académicos también apuntan al retroceso glaciar andino y a la formación de lagos inestables como factores que elevan la vulnerabilidad de Chile.
En 2020, el Lago Greve, en Aysén, registró un gran vaciamiento repentino hacia el fiordo Eyre, aunque su lejanía evitó pérdidas humanas.


