
El agroclimatólogo Patricio González advirtió que Chile no está preparado para enfrentar eventos climáticos extremos que, según explicó, volverán a repetirse con mayor frecuencia en los próximos años.
La advertencia surge tras las intensas lluvias que afectaron a la zona central, con registros superiores a 100 milímetros en pocos días en ciudades como Talca y más de 145 milímetros en sectores costeros del Maule.
El especialista explicó que estos episodios responden a una combinación entre cambio climático y el fenómeno de El Niño, que favorece sistemas frontales más cargados de humedad y precipitaciones concentradas en poco tiempo.
González planteó que el problema no está solo en la cantidad de agua caída, sino también en la capacidad del país para responder. Calles convertidas en ríos, pasos bajo nivel colapsados y daños en zonas urbanas y rurales muestran, a su juicio, una infraestructura insuficiente.
El académico sostuvo que el clima mediterráneo de Chile está cambiando hacia escenarios más extremos, con lluvias intensas, temperaturas más altas, veranos más largos y una reducción progresiva de las precipitaciones habituales.
También advirtió que, tras un invierno lluvioso, el crecimiento de vegetación puede aumentar el riesgo de incendios forestales durante el verano, especialmente si se combina con olas de calor y negligencia humana.
En el área agrícola, el experto alertó que lluvias tardías, granizadas o heladas pueden afectar cultivos en etapas sensibles, como floración o desarrollo de frutos.
Frente a este escenario, llamó a invertir en embalses, infraestructura de riego, tecnología y planificación territorial para almacenar agua y preparar al país ante inviernos más cortos, pero con precipitaciones más intensas.
La advertencia surge tras las intensas lluvias que afectaron a la zona central, con registros superiores a 100 milímetros en pocos días en ciudades como Talca y más de 145 milímetros en sectores costeros del Maule.
El especialista explicó que estos episodios responden a una combinación entre cambio climático y el fenómeno de El Niño, que favorece sistemas frontales más cargados de humedad y precipitaciones concentradas en poco tiempo.
González planteó que el problema no está solo en la cantidad de agua caída, sino también en la capacidad del país para responder. Calles convertidas en ríos, pasos bajo nivel colapsados y daños en zonas urbanas y rurales muestran, a su juicio, una infraestructura insuficiente.
El académico sostuvo que el clima mediterráneo de Chile está cambiando hacia escenarios más extremos, con lluvias intensas, temperaturas más altas, veranos más largos y una reducción progresiva de las precipitaciones habituales.
También advirtió que, tras un invierno lluvioso, el crecimiento de vegetación puede aumentar el riesgo de incendios forestales durante el verano, especialmente si se combina con olas de calor y negligencia humana.
En el área agrícola, el experto alertó que lluvias tardías, granizadas o heladas pueden afectar cultivos en etapas sensibles, como floración o desarrollo de frutos.
Frente a este escenario, llamó a invertir en embalses, infraestructura de riego, tecnología y planificación territorial para almacenar agua y preparar al país ante inviernos más cortos, pero con precipitaciones más intensas.


