
Una serie de crímenes volvió a encender las alarmas por la disputa territorial del narcotráfico en la zona sur de la región Metropolitana.
Los asesinatos de Robert Soto Guerra, conocido como líder de Los Pájaros, y de Héctor Cárdenas Venegas, apodado “El Poroto”, aparecen como dos episodios clave en una trama marcada por el control de barrios, redes de abastecimiento y antiguos clanes criminales.
A esos hechos se suma el reciente crimen del cabo segundo de Carabineros Cristopher Aguilera Fernández en Lo Espejo, ocurrido en medio de un escenario de alta tensión policial y territorial.
Según antecedentes de la investigación, Soto y Cárdenas mantenían vínculos con redes de tráfico que operaban en el sur de Santiago y que fueron detectadas en pesquisas anteriores ligadas al traslado de droga desde el norte del país.
Una de las hipótesis apunta a que antiguos líderes narco, incluso desde la cárcel, podrían estar influyendo en la disputa por el control de sectores estratégicos.
Otra línea considera la eventual participación de clanes históricos de la zona, cuyos nombres han aparecido en investigaciones por narcotráfico durante los últimos años.
También se investiga el rol de sicarios extranjeros contratados para ejecutar ataques, una modalidad que especialistas y fuentes policiales asocian al avance de nuevas formas de violencia criminal.
En paralelo, autoridades locales advierten que el narcotráfico gana espacio en barrios donde el Estado llega con menor fuerza, especialmente en poblaciones con años de abandono urbano y social.
Desde Lo Espejo se han impulsado medidas como retiro de cámaras instaladas irregularmente, demolición de estructuras asociadas al narco, recuperación de espacios públicos y coordinación con policías.
Sin embargo, la alcaldía sostiene que enfrentar este fenómeno requiere más presencia policial, capacidad investigativa para seguir la ruta del dinero, planes de desarme y recursos permanentes para intervención social y urbana.
Los asesinatos de Robert Soto Guerra, conocido como líder de Los Pájaros, y de Héctor Cárdenas Venegas, apodado “El Poroto”, aparecen como dos episodios clave en una trama marcada por el control de barrios, redes de abastecimiento y antiguos clanes criminales.
A esos hechos se suma el reciente crimen del cabo segundo de Carabineros Cristopher Aguilera Fernández en Lo Espejo, ocurrido en medio de un escenario de alta tensión policial y territorial.
Según antecedentes de la investigación, Soto y Cárdenas mantenían vínculos con redes de tráfico que operaban en el sur de Santiago y que fueron detectadas en pesquisas anteriores ligadas al traslado de droga desde el norte del país.
Una de las hipótesis apunta a que antiguos líderes narco, incluso desde la cárcel, podrían estar influyendo en la disputa por el control de sectores estratégicos.
Otra línea considera la eventual participación de clanes históricos de la zona, cuyos nombres han aparecido en investigaciones por narcotráfico durante los últimos años.
También se investiga el rol de sicarios extranjeros contratados para ejecutar ataques, una modalidad que especialistas y fuentes policiales asocian al avance de nuevas formas de violencia criminal.
En paralelo, autoridades locales advierten que el narcotráfico gana espacio en barrios donde el Estado llega con menor fuerza, especialmente en poblaciones con años de abandono urbano y social.
Desde Lo Espejo se han impulsado medidas como retiro de cámaras instaladas irregularmente, demolición de estructuras asociadas al narco, recuperación de espacios públicos y coordinación con policías.
Sin embargo, la alcaldía sostiene que enfrentar este fenómeno requiere más presencia policial, capacidad investigativa para seguir la ruta del dinero, planes de desarme y recursos permanentes para intervención social y urbana.


