
La discusión sobre sumar un quinto sello de advertencia para alimentos ultraprocesados volvió a enfrentar al mundo científico, la industria alimentaria y el Congreso.
La iniciativa busca complementar el actual sistema de sellos negros, que informa sobre exceso de azúcar, sodio, grasas saturadas y calorías.
El nuevo sello apuntaría a productos industriales formulados con múltiples ingredientes y aditivos, como bebidas, snacks, galletas, sopas instantáneas, nuggets, algunos helados y comidas preparadas.
Sus impulsores sostienen que las familias tienen derecho a saber qué contienen los productos que consumen y que la actual Ley de Etiquetado no advierte sobre ingredientes de origen químico-industrial.
También plantean que el consumo excesivo de estos alimentos se asocia a problemas como obesidad, diabetes, hipertensión, enfermedades cardiovasculares y algunos tipos de cáncer.
Sin embargo, la propuesta enfrenta cuestionamientos por la dificultad de definir legalmente qué debe entenderse por ultraprocesado.
Uno de los puntos en discusión es si la clasificación Nova, usada para ordenar los alimentos según su nivel de procesamiento, puede transformarse directamente en una obligación legal.
Desde sectores críticos advierten que una categoría poco precisa podría generar incertidumbre para empresas, afectar productos reformulados y complicar el comercio exterior.
La industria alimentaria sostiene que durante los últimos años ya se han realizado cambios para reducir nutrientes críticos como azúcar, grasas y calorías, y teme que esos avances pierdan valor regulatorio.
En el Senado, parlamentarios evalúan ajustes a la fórmula inicial para avanzar hacia criterios técnicos más consensuados y evitar conflictos con estándares internacionales.
Por ahora, la discusión seguirá en análisis antes de una definición legislativa, en medio de la preocupación por los altos índices de obesidad y sobrepeso en Chile.
La iniciativa busca complementar el actual sistema de sellos negros, que informa sobre exceso de azúcar, sodio, grasas saturadas y calorías.
El nuevo sello apuntaría a productos industriales formulados con múltiples ingredientes y aditivos, como bebidas, snacks, galletas, sopas instantáneas, nuggets, algunos helados y comidas preparadas.
Sus impulsores sostienen que las familias tienen derecho a saber qué contienen los productos que consumen y que la actual Ley de Etiquetado no advierte sobre ingredientes de origen químico-industrial.
También plantean que el consumo excesivo de estos alimentos se asocia a problemas como obesidad, diabetes, hipertensión, enfermedades cardiovasculares y algunos tipos de cáncer.
Sin embargo, la propuesta enfrenta cuestionamientos por la dificultad de definir legalmente qué debe entenderse por ultraprocesado.
Uno de los puntos en discusión es si la clasificación Nova, usada para ordenar los alimentos según su nivel de procesamiento, puede transformarse directamente en una obligación legal.
Desde sectores críticos advierten que una categoría poco precisa podría generar incertidumbre para empresas, afectar productos reformulados y complicar el comercio exterior.
La industria alimentaria sostiene que durante los últimos años ya se han realizado cambios para reducir nutrientes críticos como azúcar, grasas y calorías, y teme que esos avances pierdan valor regulatorio.
En el Senado, parlamentarios evalúan ajustes a la fórmula inicial para avanzar hacia criterios técnicos más consensuados y evitar conflictos con estándares internacionales.
Por ahora, la discusión seguirá en análisis antes de una definición legislativa, en medio de la preocupación por los altos índices de obesidad y sobrepeso en Chile.


