
La histórica producción de sal de Cáhuil enfrenta una de sus peores crisis de las últimas décadas.
Según autoridades locales y regionales de O’Higgins, la cosecha está prácticamente perdida y decenas de familias quedaron sin ingresos.
Los productores apuntan a las operaciones del embalse Convento Viejo y al manejo de aguas como una de las causas del deterioro progresivo de las salinas.
En ese contexto, el Gobierno comenzó a evaluar alternativas para enfrentar la emergencia y buscar soluciones de fondo.
El biministro de Economía y Minería, Daniel Mas, comprometió una respuesta en el corto plazo y abrió la opción de trabajar con el Ministerio de Obras Públicas.
El objetivo es revisar medidas para el manejo de las aguas que hoy amenazan la continuidad de esta actividad ancestral.
El alcalde de Pichilemu, Roberto Córdova, pidió que los compromisos expresados por distintas autoridades se traduzcan en respuestas concretas.
La autoridad comunal sostuvo que los salineros de Cáhuil y Barrancas forman parte fundamental del patrimonio cultural, productivo y turístico de la comuna.
El gobernador de O’Higgins, Pablo Silva, planteó que la prioridad debe ser avanzar en obras permanentes y no solo entregar apoyos económicos de emergencia.
Una de las iniciativas analizadas apunta a elevar los pretiles de las salinas para disminuir el ingreso de agua dulce y evitar que el problema se repita cada temporada.
Silva explicó que el Gobierno Regional puede financiar proyectos formulados por los organismos competentes, pero no ejecutarlos directamente sin esa etapa previa.
También señaló que el problema ha sido abordado con el Ministerio de Obras Públicas, los salineros y la concesionaria del embalse Convento Viejo.
Desde la región advierten que la pérdida de esta actividad tendría efectos más allá de la producción de sal, golpeando también al turismo y la identidad territorial.
Las autoridades coinciden en que el desafío ya no es solo enfrentar una emergencia puntual, sino asegurar la continuidad de una tradición productiva ancestral.
Según autoridades locales y regionales de O’Higgins, la cosecha está prácticamente perdida y decenas de familias quedaron sin ingresos.
Los productores apuntan a las operaciones del embalse Convento Viejo y al manejo de aguas como una de las causas del deterioro progresivo de las salinas.
En ese contexto, el Gobierno comenzó a evaluar alternativas para enfrentar la emergencia y buscar soluciones de fondo.
El biministro de Economía y Minería, Daniel Mas, comprometió una respuesta en el corto plazo y abrió la opción de trabajar con el Ministerio de Obras Públicas.
El objetivo es revisar medidas para el manejo de las aguas que hoy amenazan la continuidad de esta actividad ancestral.
El alcalde de Pichilemu, Roberto Córdova, pidió que los compromisos expresados por distintas autoridades se traduzcan en respuestas concretas.
La autoridad comunal sostuvo que los salineros de Cáhuil y Barrancas forman parte fundamental del patrimonio cultural, productivo y turístico de la comuna.
El gobernador de O’Higgins, Pablo Silva, planteó que la prioridad debe ser avanzar en obras permanentes y no solo entregar apoyos económicos de emergencia.
Una de las iniciativas analizadas apunta a elevar los pretiles de las salinas para disminuir el ingreso de agua dulce y evitar que el problema se repita cada temporada.
Silva explicó que el Gobierno Regional puede financiar proyectos formulados por los organismos competentes, pero no ejecutarlos directamente sin esa etapa previa.
También señaló que el problema ha sido abordado con el Ministerio de Obras Públicas, los salineros y la concesionaria del embalse Convento Viejo.
Desde la región advierten que la pérdida de esta actividad tendría efectos más allá de la producción de sal, golpeando también al turismo y la identidad territorial.
Las autoridades coinciden en que el desafío ya no es solo enfrentar una emergencia puntual, sino asegurar la continuidad de una tradición productiva ancestral.


