Sistema frontal deja al descubierto la crisis de salud mental tras las emergencias

Especialistas advierten que damnificados, albergados y comunidades afectadas enfrentan angustia, aislamiento y falta de apoyo psicológico.

El sistema frontal que afectó a distintas zonas del país no solo dejó daños materiales, cortes de servicios y miles de damnificados. También volvió a poner en evidencia la crisis de salud mental que enfrentan muchas personas en Chile durante una emergencia.

Según consignó BioBioChile, más de 3.400 personas resultaron damnificadas por el tren de sistemas frontales que golpeó el norte y la zona centro-sur, escenario que ha multiplicado la preocupación en albergues, refugios y comunidades afectadas.

El psicólogo Christian Schnake, director del Centro de Psicología Integral de la Persona de la Universidad Finis Terrae, explicó que la emergencia no crea por sí sola la crisis de salud mental, pero sí la visibiliza con fuerza.

El especialista sostuvo que existe una base emocional desgastada por factores acumulados, como crisis económicas, desastres naturales anteriores, presión cotidiana, aislamiento social y dificultades para acceder a atención psicológica.

De acuerdo con el estudio Termómetro de Salud Mental Achs-UC citado por el medio, un 12,7% de la población urbana adulta reporta problemas generales activos de salud mental.

El mismo informe señala que un 26,6% de las personas entre 30 y 39 años dice sentirse sola, mientras que 7 de cada 10 personas con signos de depresión o ansiedad no perciben la necesidad de buscar tratamiento.

Schnake advirtió además que la exposición permanente a imágenes y noticias de la emergencia puede generar estrés secundario, hipervigilancia, incertidumbre y una cultura del pánico si la información se aborda de forma sensacionalista.

Por eso, recomendó separar lo que se puede controlar de lo que no, transformar la queja en acciones concretas, acompañar y dejarse acompañar, y dosificar el consumo de información durante las crisis.

El especialista planteó que la contención psicológica debería ser parte de los protocolos de emergencia y no una preocupación secundaria, especialmente cuando nuevas lluvias y sistemas frontales mantienen bajo presión a las comunidades afectadas.
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