
Las bajas temperaturas y la mayor circulación de virus respiratorios han elevado las consultas por enfermedades estacionales durante las últimas semanas.
En ese contexto, una de las dudas más frecuentes es cómo diferenciar un resfrío común de una influenza, ya que ambos cuadros pueden compartir síntomas.
De acuerdo con especialistas de la Clínica Universidad de los Andes, el resfrío suele desarrollarse de manera progresiva y afectar principalmente las vías respiratorias superiores.
La influenza, en cambio, suele tener un inicio brusco y puede presentarse con fiebre alta, escalofríos, dolor muscular intenso, fatiga marcada y, en algunos casos, dificultad para respirar.
Entre los síntomas habituales del resfrío aparecen congestión nasal, dolor de garganta, estornudos frecuentes, tos generalmente leve y malestar de intensidad baja a moderada.
En la influenza, la tos puede ser persistente o seca, el dolor corporal suele ser intenso, el decaimiento es más marcado y el cuadro puede extenderse por una o más semanas.
Los expertos advierten que el riesgo de complicaciones es mayor en niños, adultos mayores, embarazadas y personas con enfermedades crónicas.
En adultos, se recomienda acudir a urgencias si aparece dolor torácico, sensación de falta de aire, aumento de la frecuencia respiratoria, dificultad evidente para respirar o fiebre alta que no baja con medidas habituales.
En niños, las señales de alerta incluyen respiración muy rápida, hundimiento en el pecho, silbido al respirar, fiebre sobre 39°C por más de dos días, cambios en la coloración de piel o labios y dificultad respiratoria evidente.
Los especialistas recalcan que reconocer estas señales puede ayudar a consultar a tiempo y evitar complicaciones, especialmente en los grupos de mayor riesgo.
En ese contexto, una de las dudas más frecuentes es cómo diferenciar un resfrío común de una influenza, ya que ambos cuadros pueden compartir síntomas.
De acuerdo con especialistas de la Clínica Universidad de los Andes, el resfrío suele desarrollarse de manera progresiva y afectar principalmente las vías respiratorias superiores.
La influenza, en cambio, suele tener un inicio brusco y puede presentarse con fiebre alta, escalofríos, dolor muscular intenso, fatiga marcada y, en algunos casos, dificultad para respirar.
Entre los síntomas habituales del resfrío aparecen congestión nasal, dolor de garganta, estornudos frecuentes, tos generalmente leve y malestar de intensidad baja a moderada.
En la influenza, la tos puede ser persistente o seca, el dolor corporal suele ser intenso, el decaimiento es más marcado y el cuadro puede extenderse por una o más semanas.
Los expertos advierten que el riesgo de complicaciones es mayor en niños, adultos mayores, embarazadas y personas con enfermedades crónicas.
En adultos, se recomienda acudir a urgencias si aparece dolor torácico, sensación de falta de aire, aumento de la frecuencia respiratoria, dificultad evidente para respirar o fiebre alta que no baja con medidas habituales.
En niños, las señales de alerta incluyen respiración muy rápida, hundimiento en el pecho, silbido al respirar, fiebre sobre 39°C por más de dos días, cambios en la coloración de piel o labios y dificultad respiratoria evidente.
Los especialistas recalcan que reconocer estas señales puede ayudar a consultar a tiempo y evitar complicaciones, especialmente en los grupos de mayor riesgo.


