
El rendimiento de los bonos soberanos de Estados Unidos a 30 años llegó a su nivel más alto desde 2007, encendiendo alertas en los mercados internacionales.
Durante las últimas horas, estos instrumentos se ubicaron en torno al 5,17%, luego de haber tocado un máximo de 5,18%. En términos simples, esto significa que Estados Unidos debe ofrecer una mayor rentabilidad para convencer a los inversionistas de prestarle dinero a largo plazo.
El alza está vinculada principalmente a los temores inflacionarios derivados del conflicto en Medio Oriente, especialmente por el impacto que ha tenido en los precios del petróleo y la incertidumbre en torno al estrecho de Ormuz.
Antes del inicio de la guerra, a fines de febrero, el rendimiento del bono a 30 años estaba en 4,61%. La subida muestra cómo el mercado está exigiendo una mayor compensación frente al riesgo de inflación y al encarecimiento de la energía.
El bono estadounidense a 10 años también registró presión, llegando a 4,65%, frente al 3,94% que mostraba antes del conflicto.
El aumento de los rendimientos no solo afecta a Estados Unidos. También genera tensión en los mercados globales, ya que puede encarecer el crédito para consumidores, empresas y gobiernos.
Otro factor que presiona a la deuda estadounidense es el creciente déficit público, ya que mayores necesidades de gasto y endeudamiento pueden obligar al país a pagar tasas más altas para financiarse.
El escenario preocupa a inversionistas, especialmente porque una encuesta de Bank of America mostró que el 62% de los gestores de fondos globales espera que el bono estadounidense a 30 años llegue al 6%, nivel que no se observa desde fines de 1999.


