
La industria remolachera chilena quedó en alerta luego de que Iansa comunicara su decisión de suspender la compra de remolacha, generando preocupación entre productores, trabajadores y gremios vinculados al rubro.
La medida fue interpretada como un golpe directo a una actividad agrícola histórica, especialmente en la zona centro-sur del país, donde miles de familias han estado ligadas por décadas al cultivo, transporte y procesamiento de remolacha.
Desde el sector empresarial advirtieron que la decisión de Iansa podría significar el fin de la industria remolachera nacional si no se adoptan medidas urgentes. Por eso, pidieron al Gobierno intervenir y buscar alternativas que permitan sostener la cadena productiva.
El problema no solo afecta a los agricultores que dependen de este cultivo, sino también a proveedores, transportistas, trabajadores de plantas y comunidades donde la remolacha ha sido parte relevante de la economía local.
Los gremios plantean que se requiere una respuesta rápida para evitar un impacto social y productivo mayor. Entre las opciones que se han puesto sobre la mesa aparecen medidas de apoyo, incentivos, revisión de condiciones de mercado y acciones que permitan mantener operativa la actividad.
La situación abre un nuevo foco de preocupación para el mundo agrícola, en medio de un escenario económico complejo y de crecientes presiones sobre distintos sectores productivos del país.


